Sobre mí


¿Alguna vez has usado alguna de estas palabras para describirte? : Resolutivo, racional, perfeccionista, analítico, orientado a resultados, controlador, eficiente, sensato, inteligente, cuestionador…

¡Esa era yo! Esa era mi lista de “Fortalezas”, la que echaba por delante con actitudes o con discurso en cada entrevista de trabajo, en cada nueva interacción social o laboral.

A lo largo de mi vida aprendí que ser así me daba resultado, me ayudaba a salir adelante, me daba reconocimiento y valía, pero sobre todo, me protegía; ser de esa forma me ponía en un lugar donde mostrar mis sentimientos no era necesario, donde exponer mi corazón no era requerido, donde podía, perfectamente, cubrirlo con una barrera de argumentos racionales, lógicos e irrebatibles. Estaba resguardado, no tenía por qué arriesgarlo a ser herido o juzgado… Lo que había detrás de esa fachada de súper mujer, hoy me resulta evidente: ¡Terror! ¡Pánico! Algo asumido desde una herida y carencia infantil muy primaria, un miedo terrible a ser rechazada, lastimada, juzgada, no suficiente…

Me coloqué esta etiqueta de la “dura”, la “fuerte”, la “capaz”, pero también, como consecuencia, la “distante”, la “fría”, la “difícil de complacer”… como muestra, el apodo que me gané en la Universidad: “La subcomandante Mora”.

Y me sirvió, durante mucho tiempo pensé que me funcionaba, arreglaba mis situaciones cual máquina de resolver problemas, enfrentaba las adversidades con una actitud proactiva, de manos a la obra, de hacer lo que toca y solucionar lo que se iba presentando eficiente, racional y analíticamente… Tengo que agradecerlo, sin duda, pero la vida se ha ido encargando de mostrarme que algo me estaba haciendo falta, algo contenido e ignorado, algo que no me terminaba de permitir sentirme completamente satisfecha, plena, contenta y en paz: El camino de los sabores dulces y agridulces, el de las emociones, los sentimientos, las lágrimas de todos los matices, las sonrisas, las carcajadas y el gozo. El camino del corazón expuesto, el de la vulnerabilidad, la imperfección y el amor. Y no quiero decir que fuera yo un robot totalmente inexpresivo todo el tiempo, aunque no faltará quien quizá diga que si… Tenía mis “ratos”, mis personas, situaciones y lugares donde me daba chance y me dejaba fluir completamente, aunque no tan frecuentemente como ahora sé que necesitaba… Tampoco digo que algunas de mis “cualidades” citadas más arriba no sigan siendo necesarias y muy funcionales, lo que digo es que eran parciales, incompletas, encendían la mitad de mi ser y lo relegaban y juzgaban como algo innecesario, débil, poco eficaz, riesgoso, incluso tonto… Qué equivocada estaba y qué tamaño de sacudidas fueron necesarias para despertarme!

He tenido mi dosis de pérdidas. Desde un padre ausente y desobligado (que hoy entiendo que su nivel de conciencia y su propia historia no le dieron para más), hasta el divorcio de mi primer matrimonio; haber perdido una propiedad por abuso de confianza de amigos cercanos; un hijo al borde de la muerte con una enfermedad renal terminal, un año de hospitales y finalmente un transplante; Padecer un cáncer de mama que requirió todo el circo, maroma y teatro de mastectomía, quimio y radiaciones; Después perder un trabajo corporativo de 12 años; una depresión; hasta una fuerte crisis en mi actual matrimonio… pasando por una gama de sucesos intermedios que no difieren mucho de lo que a todos nos toca, de una u otra forma, ir enfrentando en la vida.

Pero también he tenido mis grandes dosis de bendiciones, gracia divina y regalos de vida que, en la mayoría de las ocasiones y paradójicamente, han venido junto con o gracias a las crisis. A punta de trancazos, porque creo que mi caparazón y cabeza dura así lo requerían, fui descubriendo que el miedo paraliza y el amor mueve. Que la lógica racional sirve para habilitar, justificar u ocultar lo que en el fondo nos impulsa: los sentimientos. Que quien va al mando del timón, nos guste o no, es el CORAZON. Y que cuando no queremos escucharlo y lo ignoramos deliberada o inconscientemente, generalmente terminamos en donde no queremos, sintiéndonos como NO queremos. Que se necesita tener un equilibrio y que si bien la mente, la lógica y la razón ayudan, siempre quien debe tener la voz cantante es el CORAZÓN. Que tener esa sensibilidad es lo que nos hace resilientes y capaces de crecer ante la adversidad. Que los sentimientos emanan del alma y que es ella la que nos une a la divinidad, con nuestra parte creadora y creativa, la que nos acerca a Dios, a nuestra esencia. Hoy, la vida se ha encargado de romper mi armadura, abrirme el pecho y sacar mi corazón para que vea la luz, y sienta, sienta, sienta…



Aquí es cuando, en total sincronía, aparece en mi vida “The Desire Map” de Danielle Laporte, justamente una guía para conectar con el corazón, con los Sentimientos Centrales Deseados por el alma para usarlos como brújula emocional que guíe las decisiones diarias para sentirme tal y como me quiero sentir y PUM! Ahí estaba en mis narices una forma de integrar mis aprendizajes, usarlos en la práctica y ponerlos al servicio de otros… Una herramienta para cumplir con mi propósito de vida! Mi intención es ayudarte a conectar con tu corazón, a reconocer tus emociones para encontrar tus Sentimientos Centrales y que empieces a guiar tu vida en base a lo que te hace SENTIR BIEN. Mi propósito es también ayudarte a encontrar la capacidad que tienes de poder “rebotar” de los momentos complejos de la vida haciendo uso de tus propios recursos, tomando como centro tu brújula emocional, logrando aprender y crecer en el proceso. A esto, los estudiosos le llaman “Crecimiento post traumático”… yo le llamo hacer “Alquimia desde el corazón”.

La sociedad y el ritmo de vida actuales nos mantienen en una banda sin fin de prisas, “necesidades” creadas, expectativas impuestas, en el concreto, viviendo de lo artificial, lo procesado, lo tecnológico y científico, desconectados de la tierra, de la naturaleza y de nuestra naturaleza, desconectados de nuestro propio centro, de nuestra intuición… Así me sentía yo, siendo parte de ese engranaje que mantiene ese status quo… Afortunadamente creo que hoy tengo una nueva perspectiva, una nueva posibilidad de incidir desde el otro lado y creo que estoy más cerca de dónde quiero (aunque aún falta bastante).

Cuando has estado en situaciones límite y has recibido tantas bendiciones y salido adelante, queda una sensación de gratitud inmensa y el corazón se siente en deuda, con la enorme necesidad de retribuir al universo un poco de lo recibido, con ganas de ayudar a otros y seguir con esa cadena de favores que verdaderamente le da sentido a la vida. Eso es lo que esta labor y estos talleres son para mí. Me traen el doble beneficio de hacerme sentir tal y como me quiero sentir y, al mismo tiempo, ayudar a otros a que encuentren su propio mapa. Qué gran regalo!

No soy, ni pretendo ser, mejor que nadie. Me equivoco y la riego con singular frecuencia… Simplemente quizá ya me tocó caminar por donde tú estás pasando ahora y eso pueda servirte de algo. Así que, esta soy yo: En mis cuarentas; Comunicóloga; Maestra en Desarrollo Humano; Esposa y ex-esposa; Madre y madrastra; Construyendo una familia compuesta; Sobreviviente; Amante de bailar (me encanta la salsa); Controladora en rehabilitación; Idealista y realista; Racional y emocional; Seria y extrovertida; Miedosa y echada para adelante; Optimista y abogada del diablo; Contradictoria, intensa; Buscando el equilibrio; Malabarista de roles y actividades; Alquimista de la adversidad cuando conecto con el corazón… Aprendiendo y creciendo en el camino. Una obra en proceso constante, buscando mejorar continuamente, tratando de contribuir con mi granito de arena a hacer de este planeta un mejor lugar, de tocar la vida de quienes me rodean de forma positiva y de despertar conciencias al mismo tiempo que despabilo también la mía, buscando disfrutar y celebrar la vida TODOS los días.

Esta soy, y lo que soy es lo que tengo para ofrecerte como apoyo en tu propia búsqueda.

¡Gracias por dejarme acompañarte!


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